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Costeando Cefalonia

El lunes por la mañana nos bañamos en el agua transparente de Fiskárdo antes de desayunar. Luego fuimos con el chinchorro al muelle y dimos un paseo por el pueblo. Fiskárdo es un pueblo turístico, pero muy bonito. Parece ser que es el único pueblo de Cefalonia que quedó en pie tras el terremoto que destruyó la mayor parte de la isla en 1953. Nos llama la atención la limpieza de las calles y la cantidad de plantas y flores que hay en todos los portales. Compramos pan, fruta, verdura fresca y unas postales, y volvemos al barco. A eso de las 12:30 nos disponemos a zarpar rumbo a alguna de las calas cercanas, pero nos encontramos con que el catamarán que está fondeado a estribor del Pítylos ha echado su cadena encima de la nuestra al fondear su ancla. Tardamos un rato en localizar al patrón, que nos dice que no se pueden mover, ni levar el ancla, porque tienen una hélice estropeada, aunque esperan arreglarla en el día. Cuando ya estamos hechos a la idea de esperar, se le ocurre que baje uno de sus hijos buceando a echar un vistazo. El chico confirma que su cadena está sobre la nuestra, y propone pasar un cabo por debajo para levantarla y dejarnos salir. Aunque no nos convence mucho la idea, porque el fondo está a casi 15 metros de profundidad y tiene que bajar en apnea, insiste y dice que lo puede hacer. Al final todo sale bien, y podemos recuperar nuestra ancla. A las 13:30, después de dar las gracias a nuestros amables vecinos, nos encontramos navegando a la salida del puerto, y ponemos rumbo hacia el puerto de Ágia Evfimía, a unas 8 millas hacia el Sur en la misma isla de Cefalonia.

Canal de Ítaca
Canal de Ítaca

Navegamos durante unas tres horas por el canal de Ítaca, que separa Cefalonia de su vecina Ítaca, con viento del NNW de fuerza 3. Llevamos el viento por la aleta, y trasluchamos varias veces, acercándonos alternativamente a las costas de una y otra isla. Ambas son muy abruptas, con acantilados de bastante altura. La vegetación, como en las demás islas de esta zona, es de tipo mediterráneo, aunque con algunas diferencias con la costa mediterránea española. Aquí hay muchos más cipreses, y también olivos silvestres o acebuches, junto con pinos y carrascas y otros arbustos. En general, el paisaje es bastante más verde que en el sur de España.

La isla de Cefalonia es una de las más grandes del grupo Sur de las Islas Jónicas. Es el escenario de la película La mandolina del Capitán Corelli, que tiene como fondo los hechos que sucedieron en la isla durante la Segunda Guerra Mundial. La película muestra numerosos paisajes de la isla, entre ellos algunos de la costa oriental, que estamos recorriendo ahora. En Fiskárdo vimos un restaurante donde había recuerdos y fotos firmadas por los actores, entre ellos Penélope Cruz.

Nos llama la atención la poca vida animal que vemos en estas aguas. No hay casi peces, ni por tanto gaviotas. A cambio tampoco hay medusas como las que tanto abundan en España. También se ve poca actividad humana, aparte de unos pocos yates y de los ferries que unen las islas entre sí y con el continente. También nos extraña que no se vean aviones ni helicópteros. Da la impresión de que todas estas islas tienen poca población permanente, y desde luego hay mucho menos turismo que en la costa mediterránea española. Aunque se ven muchos yates, los puertos no están muy congestionados, y en general no hemos tenido problemas para fondear ni atracar.

Ágia Evfímia
Puerto de Ágia Evfímia

A las 16:30 llegamos a Ágia Evfimía (o sea, Santa Eufemia), un puerto muy cerrado con un muelle muy amplio. Aunque hay sitio en el muelle, preferimos fondear en la parte S del puerto, en fondo de 6 m de fango. El agua está muy limpia, así que nos bañamos y descansamos un rato.

Más tarde sube el viento, que aquí llega del NW, bajando de las montañas, hasta fuerza 5, con rachas frecuentes de fuerza 6. Aunque el ancla aguanta bien preferimos no dejar el barco solo y cenamos a bordo. El viento calma a eso de las 22:00 y pasamos una noche tranquila.

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Travesía a Cefalonia

Al despertarnos vemos la bahía de Vlychó a la luz del día. Nos llama la atención la frondosidad de la vegetación, mucho más abundante que la del Mediterráneo español, aunque con el mismo tipo de plantas. Si acaso, vemos que hay bastantes más cipreses y bastantes olivos, que aquí son árboles silvestres que a veces forman auténticos bosques. En cuanto al agua del mar, en esta bahía tan cerrada contiene muchas algas que le dan un color verdoso y nada transparente. A pesar de todo yo me doy un chapuzón antes de desayunar, que resulta muy refrescante. Como ninguna de las chicas quiere emular mi hazaña levamos el ancla después de desayunar, a las 10:45.

Volvemos a pasar delante de Nidrí, un pueblo turístico lleno de barcos de una flota de alquiler. Al salir de la bahía el viento no pasa de ventolina, por lo que continuamos la navegación a motor, con rumbo S. Dejamos las islas de Skorídi y Skorpiós por babor, y continuamos hacia la entrada del canal de Meganísi, que separa las islas de Lefkáda y Meganísi. Nos acercamos a la isla de Thiliá, con  intención de fondear en ella. Es una isla muy pequeña que está muy cerca de la costa de Meganísi, y sólo tiene dos calitas donde se puede fondear. Una de ellas está ocupada por un barco, y es tan pequeña que no hay sitio para más.  La otra, más al sur, tiene unas piedras en el lado S que no nos dan confianza si rola el viento a NW, como dice el derrotero que suele ocurrir por la tarde. En vista de eso seguimos, y fondeamos un poco más al sur, junto a una playa de aguas color turquesa en la costa occidental de Meganísi. Echamos el ancla a las 12:00 con 10 m de profundidad, y nos bañamos durante un buen rato. Nos acercamos a tierra con el chinchorro, y nos llevamos una pequeña decepción al ver que la playa, aunque de aguas transparentes, es de guijarros y no de arena.

Volvemos al barco para comer, y a eso de las 14:00 entra viento del SW, que va aumentando en intensidad poco a poco hasta llegar a fuerza 4, más menos. A eso de las 15:00 nos llevamos un susto, pues el ancla ha garreado y tenemos una sonda de 40 m, lo que significa que llevamos el hierro colgando. Seguramente hemos fondeado en un sitio con una pendiente muy fuerte y al subir el viento el ancla no ha agarrado bien. Como ya hemos terminado de comer, después de cobrar toda la cadena decidimos seguir la navegación con rumbo a Fiskárdo, al Norte de Cefalonia.

Al salir del canal el viento refresca a fuerza 5, pero como lo tenemos justo por la proa continuamos a motor, con la mayor izada para limitar el balance. Dejamos por babor la isla de Arkóudi y, más tarde, el extremo norte de Ítaca. Al entrar en el canal de Ítaca, que separa esta isla de Cefalonia, empieza a disminuir el viento, rolando a NW, lo que nos permite dar la vela. Cuando entramos en la bahía de Fiskárdo, a eso de las 1715,  hace una agradable brisa de fuerza 2.

La bahía (o más bien cala) de Fiskárdo es muy cerrada y está bien protegida. Como vemos que todos los muelles están ocupados imitamos a otros barcos, fondeando a la entrada de la cala, dando un cabo a tierra por popa. La zona donde nos encontramos es bastante profunda, con 15 m de sonda en el lugar donde echamos el hierro. Al acercarnos a la orilla la profundidad disminuye, pero en la popa tenemos todavía 5 m de agua, a pesar de estar ya muy cerca de las rocas. Más adelante fondean otros dos barcos junto a nosotros, un catamarán austriaco de unos 15 m de eslora por estribor, y un barco de motor de unos 25 m por babor. Este último es un yate de motor muy lujoso, con tripulación al completo, que se encarga de todas las maniobras mientras su propietario y sus invitados observan todo desde la cubierta. Nos entretenemos con ello, y también con el espectáculo de la cena precedida de un aperitivo con champán en la cubierta superior y servida por el capitán del barco y una camarera. En broma bautizamos al armador como «el Nassis» (del gallego «O Nassis», interpretación un tanto sui generis del nombre del famoso magnate).

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La costa de Lefkáda

Una vez en el barco repasamos el inventario, cargamos el equipaje y las provisiones, y a las 19:20 largamos amarras y salimos del puerto. Enfilamos el canal de Lefkáda, excavado en la zona pantanosa que separa esta isla de la tierra firme, y poco después salimos a mar abierto en la bahía de Drépano.

Continuamos navegando a motor hacia el Sur, con viento flojito del NW. Dejamos por estribor varios pueblos de la isla de Lefkáda, y más adelante pasamos entre las islas de Spárti y Chelóni, procurando acercarnos a ésta para evitar el bajo que hay entre las dos. Poco después nos acercamos a la isla de Madourí, que dejamos por babor. En ella vemos una bonita casa perteneciente a la familia del poeta Aristóteles Valaorítis.

Al entrar en la bahía de Vlychó vemos una bonita iglesia (Ágia Kiriakí, es decir “Santo Domingo”) a la que sólo se puede acceder por mar. Hay una boda en la iglesia, y novios e invitados se arraciman en la escasa superficie del atrio de la iglesia.

La bahía de Vlychó es muy cerrada y bien protegida, y nos adentramos en ella para pasar la noche. Dejamos a estribor el pueblo turístico de Nidrí, y a las 21:00, con el sol recién puesto, fondeamos en 5 m de agua en la parte Este de la bahía, a unos 200 m de tierra. A estas horas el viento ha calmado completamente, y tras una buena cena nos disponemos a pasar una noche tranquila.

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El Pítylos

¡Por fin vamos a comenzar nuestra travesía por el Mar Jónico! Hemos llegado a Lefkáda (o Lefkás, veáse la nota sobre los nombres griegos), capital de la isla del mismo nombre, a eso de las 4 de la tarde, después de unas 6 horas de viaje desde Atenas por las peligrosas carreteras griegas.

Enseguida encontramos el puerto deportivo, Lefkás Marina. Es bastante grande y moderno, aunque los accesos están todavía sin terminar. Nos dicen que nuestro barco todavía no está listo, así que decidimos ir a comprar provisiones mientras tanto. Vamos a un supermercado cercano y hacemos la compra para unos cuantos días. Hay prácticamente lo mismo que en España, aunque echamos de menos algunas cosas, como el pan precocinado para hacer en el horno y, sobre todo, el yogur líquido. Nos consolamos comprando grandes cantidades de yogur normal, que en Grecia es excelente.

De vuelta en el puerto nos encontramos con que el barco ya está listo. Se llama Pítylos, y es un Sun Odyssey 40. Tiene 12,20 m de eslora, 3,95 m de manga, 1,95 m de calado, y una superficie vélica de 83 m2. El Pítylos fue construido en 2002, y está en excelente estado. Es muy parecido a nuestro Luar III, un Sun Odyssey 40.3 del año 2005. El casco es idéntico, pero en la cubierta y el interior de la barco hay algunas diferencias.

El nombre de Pítylos (Πίτυλος) significa «ruido rítmico que hacen los remos», y aparece en textos griegos clásicos.