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De vuelta a Lefkáda

El último día de nuestro periplo dejamos el muelle de Spília a las 1000, con viento de NNW F2. Al poco rato pasamos junto a Skorpiós, la isla de Onassis, con vigilancia privada y césped, en la que está prohibido fondear, por lo que nos contentamos con hacer algunas fotos.

Skorpiós
Isla de Skorpiós

Seguimos  navegando hacia el norte, y pronto dejamos atrás las islas de Skorpídi y Spárti. Vamos recorriendo la costa E de Lefkáda, en sentido contrario a nuestra derrota del primer día, que ya nos parece muy lejano. A las 1130 fondeamos frente al puerto de Nikiana, a la entrada de la bahía de Drépano, donde nos bañamos y comemos apaciblemente.

Mientras comemos ha entrado el consabido viento del N, que sube rápidamente hasta fuerza 4-5. En seguida levanta la mar, con lo que empezamos a estar incomodos, y a las 1410 levamos el ancla, continuando hacia nuestro destino, la Marina de Lefkáda. Después de algunos bordos arrancamos el motor para enfilar la entrada del canal de Lefkáda, que recorremos sin mayores problemas. A las 1515 llegamos a la marina, hacemos gasóleo, y atracamos en el mismo sitio de donde partimos el sábado anterior, después de haber recorrido un total de 113 millas en 22 h de navegación a lo largo de los últimos 7 días.

Después de completar el papeleo y de recoger el barco, damos una vuelta por la ciudad de Lefkáda, cuyas animadas calles están llenas de gente, en contraste con la quietud de la que hemos disfrutado durante toda la semana. Celebramos nuestra vuelta a la civilización con una opípara cena en uno de los restaurantes de la marina, y nos vamos a descansar para pasar nuestra última noche a bordo, pues al día siguiente tenemos que madrugar para emprender la vuelta  a casa.

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El canal de Kálamos

El desayuno en Kastós nos trae una sorpresa. Cientos de avispas se arrojan sobre la mermelada y nos obligan a terminar nuestra colación dentro de la cámara. A  las 0945 salimos del puerto y, tras doblar el extremo N de la isla, nos asomamos el puerto de la vecina isla de Kálamos, situado en su costa E. Esta isla es muy montañosa y en ella antiguamente debían abundar las cañas, a las que debe su nombre.

Después de darnos un baño, seguimos por el canal hacia el S de Kálamos, donde cambiamos el rumbo para dirigirnos al  N de Meganísi. En esta zona hay unos bajos que libramos fácilmente mediante la enfilación del molino de Kastós con el cabo Kefáli, en Kálamos (hay otro cabo Kefáli al S de Meganísi). Hace poco viento durante toda la mañana y tenemos mar llana, por lo que navegamos a motor.

A las 1307 fondeamos en la cala Kapáli, al NE de Meganísi, con 8 m de agua. La cala es muy bonita, con agua verde oscura y abundante vegetación. Hace mucho calor, con calma chicha dentro de la cala. Comemos y nos bañamos.

A las 1630 salimos hacia la cala de Spília, al N de Meganísi, con viento del NW de fuerza 2. Esta cala es muy profunda y está bien resguardada. Hay unos pantalanes al W de la cala, pero están llenos, así que atracamos en un muelle situado al SE de la cala, sin necesidad de echar el ancla ya que hay guías, como en España. Terminamos la maniobra a las 1745 y aprovechamos para hacer agua.

Spília
Muelle de Spília desde Spartakhóri

Algo más tarde subimos al pueblo de Spartokhóri, situado en lo alto de un acantilado. El pueblo es muy pintoresco, con bonitas vistas, y las casas están muy cuidadas.

Taberna Spília
Taberna Spília

Al volver cenamos en la Taverna Spília, en la playa cercana al muelle donde hemos atracado el Pítylos. Se ha levantado brisa del N, y la temperatura es muy agradable. Cenamos estupendamente, doradas, souvlákia de pollo, pastítsio y otros platos típicos griegos.

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La isla solitaria

A las 0945 zarpamos del puerto de Vathý. Buscamos un sitio para darnos un baño matinal, y fondeamos en Skinós, a la entrada del golfo de Aetós. Se trata de una cala estrecha y profunda, rodeada de pinos, con una playita al fondo y un agua limpia y transparente. Nos damos el deseado baño, desayunamos y a las 1130 volvemos a ponernos en marcha de nuevo.

Kióni
Kióni, en Ítaca

Salimos del golfo de Aetós y continuamos costeando hacia el norte de la isla de ítaca. Algo más tarde llegamos a Kióni, un bonito pueblo con un puerto pequeñito. Nos acercamos y hacemos algunas fotos, pero no nos quedamos porque queremos seguir hacia la isla de Kastós. Emprendemos la travesía hacia esta isla, pasando al N de la isla de Átokos, con una brisa suave del SE.

A las 1445 fondeamos en una cala solitaria al S de Kastós. Esta isla está casi deshabitada, con una población de unos 100 habitantes concentrados en el único pueblo, llamado también Kastós. En la cala donde estamos no hay nadie, y disfrutamos de un fantástico baño en un agua cristalina, seguido de una apacible comida a bordo.

Puerto de Kastós
Puerto de Kastós

A las 1645 salimos hacia Kastós, a donde llegamos a las 1730. Fondeamos al norte del puerto, echando el ancla y dos cabos a tierra más un ancla auxiliar, quedando bastante próximos a tierra. Después de bañarnos y bucear un rato nos vamos a dar un paseo por el pueblo, que es pequeño y muy primitivo. Tiene una dársena de pescadores con algunos botes, y unas cuantas casas. En lo alto de un promontorio hay una antiguo molino convertido en restaurante.

Después de ver el molino volvemos al barco a cenar. Más tarde se mete algo de viento catabático, debido a la proximidad del continente, pero pasamos la noche sin ningún problema.

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Rumbo a ítaca

El martes 25 de julio, día de Santiago, nos levantamos con calma chicha en el puerto de Ágia Evfimía. Tras el correspondiente baño y un opíparo desayuno nos acercamos al muelle, donde atracamos de popa entre otros barcos. El puerto está muy bien organizado, y enseguida se acerca un marinero para ayudarnos. Hacemos agua, aunque sólo hemos gastado un depósito (unos 300 litros), y esperamos a que venga el camión del combustible para rellenar el depósito de gasolina del chinchorro. Aquí, como en muchos puertos griegos, no hay gasolinera fija, y el combustible lo vende un camión con el correspondiente surtidor adosado, que se acerca a los barcos en el muelle. La verdad es que es muy cómodo, ya que no hay que mover el barco para hacer combustible. El camión tiene gasóleo y gasolina, y en pocos minutos resolvemos nuestro problema. No hacemos gasóleo para el barco, porque hemos gastado muy poco y calculamos que tenemos de sobra para toda la travesía.

Ágia Evfímia
Muelle de Ágia Evfímia

En el muelle encontramos un barco con bandera española, el Masnada, un Sun Voyage 12,50 con base en el Puerto de Santa María. Saludamos a su patrón y armador, que nos dice que lleva tres años navegando por el Mediterráneo. ¡Qué envidia! Nos despedimos esperando volver a vernos en alguna de las islas que nos quedan por visitar.

Aprovechando que estamos en puerto damos una vuelta por las calles del pueblo, que es bastante pequeño, y compramos pan, fruta y verduras frescas. A las 11:45 volvemos a embarcar y largamos amarras, despidiéndonos ya de la isla de Cefalonia.

Al salir del puerto hacemos rumbo ESE hacia el extremo sur de la isla de Ítaca, el cabo de San Andrés. No hace nada de viento, así que navegamos a motor. A eso de las 13:00 pasamos el cabo de San Andrés, y continuamos siguiendo la costa de Ítaca en dirección NW. Algo más tarde pasamos el cabo de San Juan, dirigiéndonos hacia la bahía de Péra Pigádi, un poco más al Norte, a donde llegamos a las 14:00. Esta bahía está cerrada por la isla del mismo nombre, separada de Ítaca por un paso estrecho y poco profundo, donde hay bastantes barcos fondeados cuando llegamos. Buscamos un hueco y fondeamos nosotros también cerca de la isla.

Péra Pigádi
Péra Pigádi

El fondo es de arena y de poca profundidad (3 o 4 metros), y el agua está muy limpia y transparente. Sacamos gafas y aletas de bucear y nos bañamos durante un buen rato. Seguimos viendo pocos peces, aunque el agua está limpia y sin rastros de contaminación.

La isla de Péra Pigádi es pequeña y está deshabitada, aunque hay un edificio medio en ruinas y un muelle que no parece que se utilice demasiado. La costa de Ítaca es muy abrupta, con abundante vegetación. Enfrente de nosotros hay un monte que se menciona en la Odisea como la «roca de los cuervos», donde mana la fuente de Aretusa, la ninfa de las aguas.

Después de comer y descansar un rato salimos de nuevo con rumbo Norte, hacia el puerto de Vathý, la capital de la isla. Doblamos primero el cabo de Ágia Koutária, y seguimos la costa, que ahora va en dirección NNW, hasta que finalmente entramos en el golfo de Aetós, una hendidura profunda que divide a la isla de Ítaca casi en dos. Dentro del golfo hay varias calas y bahías, en el fondo de una de las cuales se encuentra el puerto de Vathý.

Ágios Andréas
Ermita de Ágios Andréas, a la entrada del puerto de Vathý

La entrada al puerto es muy bonita. Hay un canal estrecho con varias islas, y los montes de alrededor son muy verdes. Nos acercamos a un muelle que hay en la parte NE del puerto, pero no nos convence, porque hay mucha profundidad y según el derrotero el tenedero no es bueno. Al final fondeamos al SE del puerto, en 3,7 m de agua con fondo de algas y fango. Son las 18:15.

Puerto de Vathý
Puerto de Vathý

Descansamos un rato en el barco y nos aseguramos de que el hierro está bien fondeado, ya que ha entrado el típico viento del NW, con rachas de hasta 20 nudos. Luego vamos a tierra con el chinchorro, dirigiéndonos a lo que parece el centro del pueblo. Tenemos dificultades para desembarcar, pues el único sitio del muelle donde se puede atracar con la neumática está lleno de botes.

El pueblo es bastante nuevo, pues el antiguo fue destruido totalmente en el terremoto de 1953. El paseo por el borde del mar es bonito. Hay un muelle lleno de barcos y de restaurantes atestados de turistas ingleses. Al final encontramos una taberna donde sólo hay griegos, y nos sentamos allí. Se llama Porto, y en seguida nos damos cuenta de que hemos acertado. Nos atienden estupendamente, y cenamos muy bien, ensalada, pasta y pescado. Después de cenar damos otra vuelta por el pueblo, que está muy animado, con todas las tiendas abiertas, y compramos unos dulces muy ricos. Es la capital de la isla, y su nombre oficial es Itháki, como aquélla, pero todo el mundo la llama Vathý, que en realidad es el nombre del puerto únicamente.

Cuando volvemos al barco el viento ha calmado, como todas las noches. Por ahora se ajusta al mismo patrón todos los días: por la mañana, calma o ventolina. A eso de las 14:00 entra el NW, que va arreciando hasta fuerza 4 o 5, y a las 22:00 calma otra vez.