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Vuelta a casa

¡Qué pereza! El sábado por la mañana nos levantamos temprano, y tras un opíparo desayuno en un bar de la marina emprendemos la vuelta. Atrás dejamos las islas Jónicas, y con ellas la tranquilidad y el placer de navegar por estas aguas.

Recorremos los 430 km que nos separan del aeropuerto de Atenas en seis horas, sin mayores inconvenientes. Cuando llegamos al aeropuerto nos encontramos con la muchedumbre habitual, como era de esperar en este fin de semana de comienzo de vacaciones para unos y final para otros. A todo esto nos encontramos nada menos que a nuestros vecinos de pantalán en Lefkáda, un grupo de alemanes que iban a tomar un vuelo a Frankfurt. Nos contaron que habían venido en autobús desde Lefkáda, y que habían tardado unas dos horas más que nosotros en coche. No está mal.

Al final, tras las habituales colas y papeleos nuestro vuelo a Madrid sale, sorprendentemente, en hora, y a las 10 de la noche estamos en casa.

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De vuelta a Lefkáda

El último día de nuestro periplo dejamos el muelle de Spília a las 1000, con viento de NNW F2. Al poco rato pasamos junto a Skorpiós, la isla de Onassis, con vigilancia privada y césped, en la que está prohibido fondear, por lo que nos contentamos con hacer algunas fotos.

Skorpiós
Isla de Skorpiós

Seguimos  navegando hacia el norte, y pronto dejamos atrás las islas de Skorpídi y Spárti. Vamos recorriendo la costa E de Lefkáda, en sentido contrario a nuestra derrota del primer día, que ya nos parece muy lejano. A las 1130 fondeamos frente al puerto de Nikiana, a la entrada de la bahía de Drépano, donde nos bañamos y comemos apaciblemente.

Mientras comemos ha entrado el consabido viento del N, que sube rápidamente hasta fuerza 4-5. En seguida levanta la mar, con lo que empezamos a estar incomodos, y a las 1410 levamos el ancla, continuando hacia nuestro destino, la Marina de Lefkáda. Después de algunos bordos arrancamos el motor para enfilar la entrada del canal de Lefkáda, que recorremos sin mayores problemas. A las 1515 llegamos a la marina, hacemos gasóleo, y atracamos en el mismo sitio de donde partimos el sábado anterior, después de haber recorrido un total de 113 millas en 22 h de navegación a lo largo de los últimos 7 días.

Después de completar el papeleo y de recoger el barco, damos una vuelta por la ciudad de Lefkáda, cuyas animadas calles están llenas de gente, en contraste con la quietud de la que hemos disfrutado durante toda la semana. Celebramos nuestra vuelta a la civilización con una opípara cena en uno de los restaurantes de la marina, y nos vamos a descansar para pasar nuestra última noche a bordo, pues al día siguiente tenemos que madrugar para emprender la vuelta  a casa.

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El canal de Kálamos

El desayuno en Kastós nos trae una sorpresa. Cientos de avispas se arrojan sobre la mermelada y nos obligan a terminar nuestra colación dentro de la cámara. A  las 0945 salimos del puerto y, tras doblar el extremo N de la isla, nos asomamos el puerto de la vecina isla de Kálamos, situado en su costa E. Esta isla es muy montañosa y en ella antiguamente debían abundar las cañas, a las que debe su nombre.

Después de darnos un baño, seguimos por el canal hacia el S de Kálamos, donde cambiamos el rumbo para dirigirnos al  N de Meganísi. En esta zona hay unos bajos que libramos fácilmente mediante la enfilación del molino de Kastós con el cabo Kefáli, en Kálamos (hay otro cabo Kefáli al S de Meganísi). Hace poco viento durante toda la mañana y tenemos mar llana, por lo que navegamos a motor.

A las 1307 fondeamos en la cala Kapáli, al NE de Meganísi, con 8 m de agua. La cala es muy bonita, con agua verde oscura y abundante vegetación. Hace mucho calor, con calma chicha dentro de la cala. Comemos y nos bañamos.

A las 1630 salimos hacia la cala de Spília, al N de Meganísi, con viento del NW de fuerza 2. Esta cala es muy profunda y está bien resguardada. Hay unos pantalanes al W de la cala, pero están llenos, así que atracamos en un muelle situado al SE de la cala, sin necesidad de echar el ancla ya que hay guías, como en España. Terminamos la maniobra a las 1745 y aprovechamos para hacer agua.

Spília
Muelle de Spília desde Spartakhóri

Algo más tarde subimos al pueblo de Spartokhóri, situado en lo alto de un acantilado. El pueblo es muy pintoresco, con bonitas vistas, y las casas están muy cuidadas.

Taberna Spília
Taberna Spília

Al volver cenamos en la Taverna Spília, en la playa cercana al muelle donde hemos atracado el Pítylos. Se ha levantado brisa del N, y la temperatura es muy agradable. Cenamos estupendamente, doradas, souvlákia de pollo, pastítsio y otros platos típicos griegos.

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La isla solitaria

A las 0945 zarpamos del puerto de Vathý. Buscamos un sitio para darnos un baño matinal, y fondeamos en Skinós, a la entrada del golfo de Aetós. Se trata de una cala estrecha y profunda, rodeada de pinos, con una playita al fondo y un agua limpia y transparente. Nos damos el deseado baño, desayunamos y a las 1130 volvemos a ponernos en marcha de nuevo.

Kióni
Kióni, en Ítaca

Salimos del golfo de Aetós y continuamos costeando hacia el norte de la isla de ítaca. Algo más tarde llegamos a Kióni, un bonito pueblo con un puerto pequeñito. Nos acercamos y hacemos algunas fotos, pero no nos quedamos porque queremos seguir hacia la isla de Kastós. Emprendemos la travesía hacia esta isla, pasando al N de la isla de Átokos, con una brisa suave del SE.

A las 1445 fondeamos en una cala solitaria al S de Kastós. Esta isla está casi deshabitada, con una población de unos 100 habitantes concentrados en el único pueblo, llamado también Kastós. En la cala donde estamos no hay nadie, y disfrutamos de un fantástico baño en un agua cristalina, seguido de una apacible comida a bordo.

Puerto de Kastós
Puerto de Kastós

A las 1645 salimos hacia Kastós, a donde llegamos a las 1730. Fondeamos al norte del puerto, echando el ancla y dos cabos a tierra más un ancla auxiliar, quedando bastante próximos a tierra. Después de bañarnos y bucear un rato nos vamos a dar un paseo por el pueblo, que es pequeño y muy primitivo. Tiene una dársena de pescadores con algunos botes, y unas cuantas casas. En lo alto de un promontorio hay una antiguo molino convertido en restaurante.

Después de ver el molino volvemos al barco a cenar. Más tarde se mete algo de viento catabático, debido a la proximidad del continente, pero pasamos la noche sin ningún problema.